Cruzamos el majestuoso río Negro con rumbo a Tacuarembó, ese auténtico corazón de la patria que late con fuerza propia y paisajes inolvidables. Durante el fin de semana del 15 al 16 de junio, nuestro querido Club plantó bandera en estas tierras legendarias, respondiendo con entusiasmo a la cálida invitación de nuestro socio y entrañable amigo Daniel Godoy, quien nos preparó una recepción inolvidable.
La aventura comenzó a tomar color cuando los primeros expedicionarios llegaron en la noche del viernes, contagiando la emoción del viaje, mientras que el resto del convoy se sumó al mediodía del sábado con las energías al 100%. El punto de reunión oficial fue el acogedor Hotel FordT City, nuestro hogar temporal y la base de operaciones perfecta para todo lo que estaba por venir.
Con el sol marcando el mediodía, pusimos en marcha los motores y salimos rugiendo desde la ciudad con destino Rincón de la Aldea. Recorrimos la ruta 26 para luego adentrarnos en desafiantes caminos vecinales y servidumbres de paso que pusieron a prueba la destreza al volante. Hicimos una parada para un almuerzo rápido y al paso, ideal para estirar las piernas, conocer una hermosa cascada escondida.
El recorrido continuó serpenteando por los paisajes de ensueño de Valle Edén, donde no pudimos resistir la tentación de detenernos para capturar postales inolvidables en una gran foto grupal, antes de coronar la travesía en las cercanías de la pintoresca localidad de Tambores.
Al caer el anochecer, de regreso en el refugio del hotel, las risas y las anécdotas del día se multiplicaron alrededor de un magnífico asado que repuso todas las energías. Para cerrar la noche con broche de oro, los más valientes se animaron a tomar el micrófono y desatar toda su alegría frente al karaoke, convirtiendo la cena en una verdadera fiesta de hermandad.
El domingo amaneció con una paz inigualable que invitaba a bajar el ritmo, regalándonos una visita imperdible al maravilloso balneario Iporá. Las tranquilas aguas y los tonos dorados del paisaje nos regalaron postales otoñales de ensueño, cerrando visualmente un recorrido por la naturaleza que quedará grabado en la memoria de todos.
Para coronar este fin de semana inolvidable, cerramos la salida con un almuerzo de esos que reconfortan el cuerpo en las instalaciones del propio hotel. Pero la sobremesa nos tenía guardada una sorpresa cultural de primer nivel: una visita imperdible al fascinante museo de vehículos Ford y otras joyas clásicas que el lugar atesora con orgullo, permitiéndonos viajar en el tiempo entre reliquias mecánicas de otra época. Como si fuera poco, el recorrido se completó con una emotiva y cuidada exposición dedicada al gran Carlos Gardel, un tributo entrañable que aportó un toque de profunda identidad nacional a esta despedida a toda máquina.
Llenos de buenos momentos y la satisfacción de haber compartido una camaradería única y con los Land Rover orgullosamente cubiertos de barro y polvo, cada uno emprendió el regreso a casa con la certeza de que esta travesía ya es parte de nuestra mejor historia.






























