Una vez más, el llamado de las sierras logró reunirnos. Con el característico ronroneo de los motores y esa excitación tan propia de las grandes previas, enfrazcamos los Land Rovers rumbo a las míticas sierras del Yerbal. Volvíamos a transitar el histórico Paso de Carbonería, nuevamente bajo la entrañable invitación de nuestro socio y amigo Quintín Olano.
La aventura comenzó a tomar forma en Isla Patrulla, el punto de partida perfecto para adentrarnos sin prisa pero sin pausa en el corazón profundo de Treinta y Tres. Con la clásica caravana encaramos los trillos agrestes hasta enfrentar el desafío del Paso de Carbonería y las aguas cantarinas del arroyo Yerbal. Es uno de esos recorridos que ya forman parte del ADN del Club, un clásico ineludible que veteranos y socios nuevos esperábamos ansiosos volver a tachar en el calendario. Entre piedra suelta, huella y paisaje serrano, cada kilómetro recorrió la historia viva de nuestra pasión.
Cayendo la tardecita, el refugio y el calor de hogar nos encontraron bajo la inigualable hospitalidad de Quintín. Nos agasajó con esa calidad y calidez humana que lo definen, transformando el fogón en el epicentro de la cofradía. Por si fuera poco, la noche nos tenía reservada una sorpresa que terminó de coronar el festejo: una celebración al compás de la Noche de la Nostalgia, donde las risas, las anécdotas de viejos rescates y la buena música resonaron entre las sierras hasta altas horas.
Al otro día, con los primeros rayos de sol filtrándose entre los cerros y mientras levantábamos campamento, la tropa landrovera volvió a alinear las máquinas. Motores en marcha y mochilas cargadas de recuerdos, emprendimos el retorno a nuestros hogares con el pecho inflado y la certeza de haber vivido un fin de semana inolvidable. Camaradería pura, sierras imponentes, trillos exigentes y esa magia inconfundible que solo se genera cuando late fuerte la comunidad del Club Land Rover.


















