Hay fechas que quedan grabadas a fuego en el calendario de los amantes de la aventura, y el V Encuentro Sudamericano celebrado en tierras guaraníes cumplió con creces con todas las expectativas. Del 17 al 19 de setiembre, la histórica y pintoresca localidad de Piribebuy se convirtió en el epicentro absoluto de la pasión landrovera en la región. Bajo el lema «Paraguay Chemopirî» —una expresión en guaraní que traduce a Paraguay Emocionante—, cerca de dos centenares de almas viajeras se dieron cita para celebrar el espíritu de camaradería, aventura y fidelidad a una marca que ya es un estilo de vida.

Organizado de manera impecable por el Paraguay Land Rover Owners, el evento demostró desde el primer minuto el rigor, la calidez y la dedicación de unos anfitriones que cuidaron cada detalle. Desde el recibimiento inicial hasta la última bajada de bandera, la hospitalidad paraguaya hizo que cada viajero se sintiera como en casa, consolidando la hermandad que caracteriza a los amantes del óvalo verde a lo largo y ancho de nuestro continente.

Hasta Piribebuy llegaron delegaciones de todas las latitudes de Sudamérica. Con una presencia imponente que reunió a 87 vehículos y 167 participantes, el encuentro demostró la salud inquebrantable de la pasión off road. Desde Argentina, Brasil, Uruguay, Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia y Chile, los motores rugieron en una sola sintonía.

El camping que funcionó como base del encuentro hizo también la de un verdadero museo rodante y viviente. Ver convivir en perfecta armonía a un venerado Land Rover Serie compartiendo espacio y anécdotas con un flamante New Defender, o detenerse a admirar la estampa imponente de un Defender 130 de especificación militar, es algo que solo este tipo de eventos permite. Las épocas, las tecnologías y los kilómetros recorridos se funden bajo una misma chapa y un mismo corazón mecánico.

Sin embargo, la verdadera magia de estos encuentros no reside en los fierros, sino en las personas. Y de esas historias que conmueven a todos, este año se destaca la participación del pequeño Mateo. Para dimensionar lo que significa esta gran familia rutera, basta recordar que en el encuentro anterior, celebrado en 2024 en tierras chilenas, Mateo todavía formaba parte de la tripulación en la panza de su mamá. Hoy, ya presente en el ruedo, simboliza el relevo generacional de una pasión que se hereda, se cultiva y se transmite de padres a hijos. Mención especial merecen también los entrañables copilotos de cuatro patas, Amara y Boby, fieles testigos de ruta que no quisieron perderse semejante travesía.

Tres días de pura fiesta mecánica exigieron tanto a las máquinas como a las tripulaciones. El programa incluyó dos circuitos de travesías diseñados para poner a prueba las capacidades legendarias de los vehículos, combinando la precisión técnica con la diversión sin filtros.

El primer trazado consistió en un exigente raid cross country ideado por el equipo de Ruta Raid Py, quienes confeccionaron un roadbook de nivel profesional. Aquí, la lectura precisa de la hoja de ruta, la navegación milimétrica y la constancia fueron fundamentales para dominar los caminos abiertos.

Por otro lado, la travesía off road entregó los ingredientes clásicos que todo landrovero añora: tierra, huellas, desniveles complejos y, como gran aliada de la jornada, una generosa dosis de lluvia oportuna. El agua transformó los senderos en auténticos toboganes de barro, elevando la dificultad de los vadeos y obligando a sacar a relucir la muñeca, el torque en baja y el fiel malacate. Ver a los clásicos y modernos sortear los cenagales con la elegancia rústica que los define fue, sencillamente, un espectáculo inolvidable. El trabajo en equipo, las eslingadas solidarias y el rescate mutuo volvieron a ratificar el código de honor de la ruta: nadie se queda atrás.

A lo largo de las jornadas, las fogatas nocturnas sirvieron para intercambiar anécdotas, planificar futuros viajes y recordar aquellas travesías donde la aventura superó a la previsión. La mística del óvalo verde se nutre de estas vivencias compartidas, donde las fronteras geográficas se desvanecen frente a la inmensidad de un horizonte compartido a bordo de nuestros vehículos.

Durante el almuerzo de clausura y en medio de un clima de profunda emoción, se oficializó uno de los anuncios más esperados por la comunidad sudamericana. Tras el éxito rotundo en Paraguay, la posta ya tiene nuevo destino: Colombia será la sede del próximo Encuentro Sudamericano. Desde ya, los preparativos comienzan a latir en la cabeza de los más entusiastas, listos para planificar la travesía norteña.

Desde este espacio, celebramos el éxito rotundo de esta quinta edición y felicitamos a los amigos paraguayos por la excelencia organizativa. Nuestros Land Rovers siguen más vivos que nunca, rompiendo fronteras y demostrando que, sin importar el modelo, el año o el destino, la verdadera aventura siempre está en el camino que elegimos recorrer juntos. ¡Nos vemos en los caminos!